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MADRES (II)



Abro la puerta, el olor a limpio impregna toda la casa y a pesar de que es una mezcla de lejía y abrillantador, me hace sentir bien. Seguro que Lola se ha pasado a limpiar. Desde que madre se fue es la única que se ocupa de la casa, parece cómo si no quisiera dejarla ir, no quiere olvidar todos los recuerdos que se esconden en los rincones de la villa, saca brillo a todos y a cada uno de sus estantes cómo si ella fuera a echarle bronca porque ha quedado polvo en alguno de ellos. Es cómo si aún hoy las escuchara pelearse, Lola ¿no te has dado cuenta de que el suelo no brilla? ¿No le echaste el abrillantador que te compré?, Que no Dolores, que ese abrillantador no es bueno, tiene demasiados productos químicos, y no es bueno para las niñas, vete tu a saber todo lo que pueden llegar a llevar, y me ha dicho mi madre que utilice este, que es más ecológio y que además lo produce mi tía, si hombre, esa que te dije, la que está medio loca y vive en el pueblo sóla y desnuda, porque dice que la ropa en la piel le escuece. Lola, ¿pero que me estás explicando? Hija mía que te pones a hablar y enlazas churras con merinas, anda, anda, calla y ponte a lavar. Que sí, que si Dolores, que me lo ha dicho mi madre: Lola, tenemos que ayudar a la tía, que no acepta caridad y ahora le ha dado por hacer jabones y otras cosas más raras, vamos a tener que comprarle todos los que podamos para que pueda llevarse algo a la boca, porque esta majadera no quiere pedir ayuda. Así que Dolores, a partir de ahora vamos a utilizar este jabón, que además de ecológico hacemos una buena obra. Anda Lola, déjate de historias y ponte a limpiar, que creo que cada vez más te pareces a tu tía. Mira Dolores que eso no te lo consiento, eh??? Que yo soy rara, pero no voy en cueros por todos los sitios!!! …. Y así se pasaban la tarde, discutiendo por el jabón, y cuando no era del jabón, era de los vestidos que Lola nos había puesto, que si íbamos muy de blanco, que si las coletas no eran apropiadas para la cena en casa de los Pérez y vaya a saber usted cuántas cosas más. La cuestión es que a mi hermana y a mi nos fascinaba verlas pelearse, estuviéramos haciendo lo que estuviéramos haciendo, cuando veíamos que madre y Lola se enzarzaban a una pelea, parábamos e íbamos a su encuentro. Nos hipnotizaban igual que cuando cortábamos las colas a las lagartijas, y lo más increible es que eran capaz de enfadarse por el jabón pero cuando les deciamos a Lola que madre nos había pegado por cualquier cosa, ella nos daba otro guantazo porque decía que si Dolores nos había pegado era porque algo habríamos hecho, y lo mismo pasaba con madre, cuando le íbamos con el cuento de que Lola se veía con su novio a escondidas, nos soltaba otra torta por espías. Así eran ellas, sólo podían pelearse la una con la otra, pero cuando se trataba de otros que se peleaban con ellas o decían alguna cosa en su contra, se defendían cómo gallina que defiende a sus polluelos. Lola y madre habían estudiado en el mismo colegio y se conocían desde que nacieron, es por eso que se hablaban de tu, y no de doña, además a madre no le gustaba ese respeto falso que imperaba entre señora y sirvienta, lo odiaba, a pesar de pertenecer a ese mundo. Madre adoraba a Lola, era su paño de lágrimas y a la primera persona a quien le contaba sus alegrías, se enteró antes Lola que padre de que madre estaba embarazada. Cuando acabó el colegio, madre fue a la capital pues los abuelos habían ahorrado unos reales y querían que la niña se espavilara, vamos, que encontrara a un buen mozo con mucho dinero con quien casarse, y para eso tenía que ir a la capital. Allí encontró a padre y se casaron. Al poco tiempo volvieron al pueblo. En todo ese tiempo que madre estuvo fuera, siempre mantuvo el contacto con Lola, y yo creo que gracias a eso, madre no era tan snob ni estirada como otras mujeres de su rango, Lola le recordaba de dónde venía y lo que ella era. Lola no la trataba de usted, no le bailaba el agua ni le decía lo que quería oir, ella la llamaba joía, le recordaba cuando le tiraban bolas de papel a la profesora siendo chicas y nunca, nunca le dijo ni una mentira, aunque ahora que lo pienso claramente, más de una vez tampoco le dijo toda la verdad, sobretodo en lo que se refería a mi hermana y a mí, pero bueno, nunca le clavó ningun cuchillo por la espalda y siempre fue fiel, al igual que mi madre con ella.

Pobre Lola, se ha quedado sin compañera, sin amiga con la que pasar las tardes de domingo sentadas en el sofá. Y no es lo mismo perder a tu marido que perder a tu amigo, eso lo decía madre. Cuando padre no volvía a casa ella no se preocupaba, es más, ni lo echaba en falta, pero cuando Lola no venía algún día porque se había puesto enferma o tenía que cuidar de sus padres mayores, mi madre enloquecía, gritaba y era mucho más severa con nosotras. No dejaba de hablar mal de Lola y decía que se estaba volviendo loca cómo su tía, que iba a acabar con 10 gatos y con una escoba en las manos creyéndose bruja, que ella le pagaba y que tenía que venir a trabajar CADA DÍA, que eso no se lo iba a consentir y que cuando volviera se iba a enterar la espavilada, pero la verdad es que cuando Lola volvía, mi madre era incapaz de abrir boca, le preguntaba cómo estaba y luego para que no se diera cuenta de cuánto la había echado de menos, se volvía tirana y le ordenaba ir a pelar las patatas, o a cortar leña, sólo para castigarla. En cambio con padre no era así, y no es que no se llevaran bien, todo lo contrario, se adoraban y se cuidaban de una manera tal, que cuando los veías desde fuera te daban arcadas de lo cursi que podían llegar a ser. Pero madre siempre nos decía, lo que siento por vuestro padre es amor y tal cómo llega se va, un día te hace estar feliz y al siguiente te sientes cómo una mierda, pierdes tu racionalidad, te vuelves irascible y una parte de ti, deja de existir, en cambio con Lola, por Lola siento lealtad y la lealtad, queridas hijas es el mejor sentimiento del mundo. Sentir que el otro es tan tu, cómo tu mismo, es algo incomparable. Es no sentirte sólo frente al mundo y que puedes conseguir todo lo que te propongas porque esa persona, esa persona siempre va a estar ahí. Y es que madre era muy avanzada para su época, no tienes más que fijarte en nuestra educación tan anárquica y tan diferente!!!. Cuando llegué ya a la edad madura, me di cuenta de que el amor que Lola y madre se profesaban era algo más que lealtad, quizás fuera lo que se llama el verdadero amor, pero en la época en la que vivieron ninguna de ellas le supo poner nombre, o catalogarlo cómo hacemos ahora con todo. No creo que se sintieran atraidas sexualmente ni nada de eso, sólo digo que era un amor de esos que arrolla con todo, de esos que te hacen sentir invencible y de los que tiene un propio lenguaje, y es que madre y Lola juntas, eran volcán terremoto y tsunami todo junto.

Ahora estoy en su habitación. El crucifijo encima de la cama me horroriza y me fascina de igual modo. Madre nunca fue creyente, pero cuando le diagnosticaron la enfermedad lo primero que hizo fue poner ese crucifijo allí. Decía que así purgaría todos sus pecados y que rezaría por todos nosotros. Yo creo que lo decía por las descarriadas de sus hijas, porque a pesar de que madre era muy avanzada para aquellos tiempos en el fondo, lo que quería era ver a sus hijas casadas y con un montón de nietos corriendo por la villa, pero no tuvo suerte. Marisa, mi hermana le había salido bollera y yo, estéril. Así que lo de los nietos iba a ser arto difícil, que jodida que es la vida verdad? Siempre encuentra el modo de putearnos y reirse de nosotros.

Abro su armario y veo todos sus vestidos de gala, hacía millones de años que madre no se los ponía y por mucho que mi hermana y yo le deciamos que los tirara, pues estaban amarillentos y medio roidos por la carcoma, ella se negaba rotundamente, niñas, nunca se sabe cuando los voy a volver a utilizar, así que no se os ocurra tocarlos!! Madre era así, siempre pensando en las fiestas que estaban por venir. Ahora me río, nos parecemos más de lo que creemos, Marisa y yo somos igual, siempre pensando en fiestas. Me rio a carcajadas tan fuertes que en un momento me caigo sobre la cama y me doy cuenta, en ese momento la vida me da una bofetada y me pongo a llorar como una cría. Madre ya no está, madre no está, MADRE NO ESTÁ, y un vacío se me instala en el estómago, nooooooooo nooooooooo, madre se ha ido. Uffff no puedo parar y lo intento, va Ana, tranquila todo va a ir bien, deja de llorar, ya eres mayorcita para estos ataques de histeria!!! Pero no puedo, juro por Dios que no puedo. No he soltado una lágrima desde aquel día en el hospital. Sólo aquel día me permití llorar junto con Marisa. El médico nos había dicho que no había nada que hacer, que lo habían detectado muy tarde y que nos teníamos que hacer a la idea. Marisa y yo nos miramos, salimos de la consulta y nos pusimos a llorar cómo dos niñas chicas. Las dos tenemos caracteres muy diferentes y a lo largo de nuestra vida hemos tenido idas y venidas con nuestra relación, pero en aquel momento nos sentimos las mismas hermanas que años atrás se fumaban el cigarro a escondidas en la cocina, volvía a sentir la conexión con esa persona a la que ya no reconocía pero que a pesar de ello, tenía mi misma sangre, mi hermana.

Madre nos vió llorando y no os podéis imaginar la bronca que nos echó!!! Joder hasta en ese momento nos tuvo que dar lecciones, ella guardaba la compostura y se mantenía cómo una roca y nosotras cómo dos crías de 10 años. Desde entonces no lloré ni una sóla vez más, ni en el entierro ni en el velatorio, no quería que madre desde el cielo me lanzara una maldición por estar llorando, y es que capaz era de hacerlo, bien la conocía yo y cojones le sobraban para salirse con la suya!!! Pero allí, tendida en su cama no pude aguantar más. Ya no habrían más broncas, más llamadas para explicarme que Lola había roto aquel jarrón que padre trajo de París, ni para decirme que tenía que casarme o que al menos me diera un buen meneo porque si no lo hacía me iba a quedar seca como una pasa,… Así era madre, tenía el aspecto de una viejecita pero el carácter de un perro hambriento y unas salidas que hacían ponerse rojo al más sinvergüenza. Aún me acuerdo cuando Marisa le dijo que era bollera. Ella impetérrita le dijo que se lo esperaba, que siempre había caminado como un hombre y que le gustaba la idea, que últimamente en todas las familias importantes había un gay o una lesbiana y le preguntó si a partir de aquel momento la podía presentar frente a sus amigas como su hija bollera. Marisa agarró un enfado de mil demonios y estuvo un mes sin hablarle, pobrecilla!!! Yo creo que hubiera preferido que madre se lo hubiera tomado mal para ella poder defenderse y gritarle todo lo que le hubiera venido en gana, pero así era madre, una no sabía por dónde iba a salir. De echo, cuando a padre le preguntabas que le enamoró de madre, él siempre contestaba que su irracional locura y esa pizca de desvergüenza y extravagancia.

Y ahora ella no está, y por mucho que llore nada me la va a devolver. Siento un nudo en el estómago indescriptible, es un vacío difícil de explicar. Un vacío que me sube por la garganta y me atrapa, y yo sólo quiero quedarme en él y llorar y llorar, y no puedo dejar de desear verla un minuto más, un minuto para decirle que la quiero, que ella ha conformado todo lo que soy, que sigo sus consejos por mucho que siempre he hecho cómo si no la escuchara, que estoy orgullosa de ella y sobretodo, de que me hace mucha falta. Y sin duda, lo más duro, no volveré a apoyar mi cabeza en su hombro buscando consuelo y sentirme tan protegida y relajada que el tiempo se detenga. Es cierto lo que dicen, uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.
TODO EN LA VIDA SIRVE

No hay nada malo de lo que no pueda extraerse algo bueno, cavilaba mientras se dirigía a las clases de fundamentos de antropología social. A sus 57 años había conseguido por fin lo que tanto tiempo había anhelado, matricularse en la universidad.

Sus hijas hacía tiempo que se habían independizado aunque no con la misma suerte. La menor hasta hace dos años vivía con su marido, un hombre que la maltrataba física y mentalmente. Ella lo sabía aunque su hija nunca se lo había confesado abiertamente. Venía siempre a su casa con cualquier excusa con unas gafas oscuras que le cubrían los ojos, ojos hinchados por haberse pasado todo el día llorando. Cuando ella le avisaba para hacerle una visita, su hija siempre le salía con alguna excusa, tenía que salir a comprar, o había quedado para un masaje, o tenía que ir al gym. Siempre la misma historia. Ella quiso interceder por su hija, hacerle ver que ese no era el hombre que le merecía y que lo que compartían no era amor. Amor del que te sale de dentro y hace que el corazón se te despedace cada vez que el otro se va. No, definitivamente eso no era amor.


Pero su hija no la escuchaba y siempre la trataba por tonta cuando sacaba el tema. Llegó a buscarle ayuda para escapar de él, pero su hija insistía en que su vida era él. Así durante 10 años.


10 años en los cuáles ella sufría día y noche por su hija pequeña, días en los que no dormía pensando que quizás mañana su hija aparecería muerta en cualquier esquina, estaba nerviosa continuamente y no tenía a nadie con quien compartir ese dolor. Su marido murió 8 años atrás y a pesar de que ella sabía que no fue el gran amor de su vida, si que fue el mejor compañero que nadie podía tener para compartir las tortuosidades de la vida, cada día lo echaba más en falta.


Su hija mayor hacía 5 años que marchó a trabajar a EEUU porque en España no encontraba trabajo para ella. Era investigadora en el ámbito de la oncología. Tras muchos años de trabajar como becaria en diversas universidades de todo el país decidió dar el gran salto y marchar al extranjero. Siempre había sido resuelta y decidida. En eso había salido a su marido, pues ella más bien siempre había sido un mar de dudas. Nunca había tenido novio y eso a ella siempre le preocupó, no quería lesbianas en casa, pero viendo como vivía su hija pequeña, comprendió que da igual quien escoja su hija mayor para compartir su vida mientras exista el cariño, el amor y el respeto entre ellos. Aunque le costó mucho asumirlo y engañaba a sus amigas a la hora del café diciendo que había conocido a un guapo yankee que la colmaba de regalos. Y es que una cosa era que ella lo intuyera y otra muy distinta que se enterara todo el mundo, acabáramos.


Un día mientras veía Gente escuchó el suceso de una mujer que había contratado unos matones para matar a su marido. Dio un salto. Ella que nunca había tomado una decisión, ella que siempre fue considerada débil por todos los de su alrededor, ella que nunca había tenido un mal pensamiento, decidió hacer lo mismo con su yerno.


Contrató a unos matones (de cómo lo consiguió ya es otra historia) y les dio las indicaciones pertinentes para que fueran a su trabajo y le apalearan sin miramientos a la salida. La primera vez su yerno estuvo tres meses en el hospital, pero al salir de él, su odio general hacia el mundo y en particular hacia su hija, crecieron. Tuvo que contratar a los matones hasta cuatro veces más para que su yerno se diera cuenta de que cada vez que le ponía la mano encima a su hija, los matones aparecían al día siguiente. Finalmente huyó.


Su hija se quedó destrozada, todo para lo que vivía había desaparecido y no paraba de llorarle a su madre, con la que había vuelto a vivir tras que él desapareciera misteriosamente. Pasó un año y su hija seguía igual, no salía, no buscaba trabajo y se pasaba las horas tirada delante del televisor. Se hartó.


Un día le dijo que él se había marchado porque ella contrató a unos matones para defenderla. Su hija se puso como una furia, la insultó, le dijo que le había destrozado su vida, que ojalá se muriera y que no quería saber nada de ella. Recogió sus cosas y se fue.


De eso hace ya unos dos años y a pesar de que su hija menor volvió a casa cuando lo necesitó, la última vez y con todo el dolor del mundo, le dijo que no volviera. Se dió cuenta que había intentado ayudar a alguien que no se dejaba ayudar, alguien que le absorbía la energía y que la mataba en vida. Las ganas de reír se le habían ido mucho tiempo atrás y ya estaba cansada. Por mucho que fuera su hija, y por mucho que por dentro su corazón sangrara a borbotones, todos tienen derecho a ser alguien en la vida. A desarrollarse como personas y ella había estado demasiado tiempo ayudando a alguien que no lo quería. A veces pensaba que era una egoista y que no era una buena madre, pero entonces pensaba que estaba en la mitad de su vida y que todavía no había descubierto quien era. El amor no es un cheque en blanco y hay que ganárselo cada día y quien no comprenda esto, es que es un necio.


No hay nada malo de lo que no pueda extraerse algo bueno, cavilaba mientras se dirigía a las clases de fundamentos de antropología social. A sus 57 años comenzaba a saber quien era, y a pesar de que muchas noches lloraba por su hija pequeña, ahora sabía que cada uno es responsable de las decisiones que toma y que puedes ayudar a otros a compartir su carga pero no a llevarla.
RECOMPONER EL MUNDO

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie. Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.
Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo. Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares.
¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz? De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:
- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?
- Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. "Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había arreglado al mundo".
Conclusiones:
1) No menosprecies la inteligencia del que tienes delante.
2) A grandes problemas, las soluciones más simples.
3) El mundo, todavía tiene arreglo si conseguimos recomponer a los hombres.
 

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