
Hoy me siento frente al ordenador, intentando recopilar todos los momentos vividos y no puedo dejar de extrañar, extrañar todo lo sentido, extrañar sobretodo a aquellos a los que quiero. Se me hace difícil pensar que hasta hace cuatro días, los podía tocar, abrazar y besar. Pero no voy a dejar que la nostalgia me atrape, no voy a dejar que el hecharlos de menos me haga mal, pues se que están ahí, y no al otro lado, los llevo tan dentro de mí, tan vivos en mis recuerdos que hace que cada paso que doy sea un paso menos para volver a verlos.

Quedó gente en el tintero, Estela, Ezequiel y Javier, pero tengo la esperanza que en mi próximo viaje pueda verlos, pues lo mejor de cada viaje no lo hacen los paisajes, ni los olores, ni el atardecer junto al mar, ni el sonido del silencio,... lo mejor de cada viaje lo hace la gente que conoces y aquellos que te acompañan, como Pablo y Lourdes, que una vez más me han demostrado que hacer el camino junto a ellos, es completar un camino de alegría, de risas, de lloros y momentos inolvidables que harán que por mucho tiempo sonría recordando este viaje inolvidable.

