Aunque ciego, el padre de Juan nunca se perdía un partido de fútbol del equipo local, equipo en el que jugaba su hijo, y seguía las incidencias del encuentro gracias a su oido, excepcionalmente fino.
Un jueves del mes de julio, el anciano falleció repentinamente, y aquel mismo sábado, nos sorprendió ver a Juan en el vestuario del campo.
- No pensábamos verto hoy por aquí Juan - comentó alguien.
- ¿No os dais cuenta - contestó tajantemente Juan - de que, por primera vez, mi padre me va a ver jugar?

6 vociferaron:
Milonguilla...que bonitoooooo!!
Un beso chula!
breve y precioso relato.
Para eso es para lo que sirve la fé.Si a él le consuela...bien está.
Precioso tu relato, debe ser cierto lo que la fe mueve montañas, y el amor mueve el mundo.
Y que poco se mueve.
Un beso
H-E-R-M-O-S-O-!!!!!!!!
Nada más para agregar que no se heya dicho. Un beso.
Genial Milongas. En tan pocas palabras lo que has dicho. Te felicito.
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