LAS COSAS POR SU NOMBRE
Hace algún tiempo leí la noticia del juez Emilio Calatayud Pérez sobre sus ejemplares sentencias con menores. Lo tenía casi olvidado, pero hoy mientras salía de un muermo de conferencia en el CCCB una situación que he visto me ha hecho recordarlo y que buscara información sobre él. He encontrado dos vídeos que me han encantado.
Cuando los he visto no he dejado de pensar en cuanta razón tenía y que ya estaba bien de hablar del menor como si tuviéramos que protegerlo en una urna de cristal sin pensar en sus obligaciones. Ojo, que nadie me malinterprete, me refiero al hecho que subjetivamente vengo constatando desde hace unos años en la juventud que recorre nuestras calles. Me refiero al hecho de que ellos mismos conozcan tan bien sus derechos y se hagan los locos con sus obligaciones. No digo que sean peores que nosotros o que yo (ya que no puedo generalizar ni hablar en boca de todos), pero tengo la sensación de que existe una gran cantidad de jóvenes que no respetan a nada ni a nadie. Les da igual ocho que ochenta y que no miran más allá de sus ombligos. Me he encontrado con jóvenes que me han preguntado la hora con un: Eh tía, que hora es? y puede pareceros que soy una tiquismiquis o que no estoy en la onda, pero me da igual. Ni me llamo Ehhh, ni soy tu tía y si quieres algo de mí, al menos ten la decencia de pedirlo educadamente. Que ya está bien y es que a veces en determinadas situaciones me han venido ganas de aventarle a un adolescente una buena torta para que se le pasaran las tonterías. Y no digo que la culpa sea toda de ellos, más bien creo que se encuentran perdidos en un mundo que ni sus padres entienden ni disfrutan ya que con lo que deben trabajar para pagar las hipotecas ni tiempo ni ganas les debe quedar para estar con ellos, pero no es excusa. Todos debemos asumir nuestra parte de culpa e intentar adivinar cuál es la razón que nos está llevando a esta situación. La polémica está servida.
Cuando los he visto no he dejado de pensar en cuanta razón tenía y que ya estaba bien de hablar del menor como si tuviéramos que protegerlo en una urna de cristal sin pensar en sus obligaciones. Ojo, que nadie me malinterprete, me refiero al hecho que subjetivamente vengo constatando desde hace unos años en la juventud que recorre nuestras calles. Me refiero al hecho de que ellos mismos conozcan tan bien sus derechos y se hagan los locos con sus obligaciones. No digo que sean peores que nosotros o que yo (ya que no puedo generalizar ni hablar en boca de todos), pero tengo la sensación de que existe una gran cantidad de jóvenes que no respetan a nada ni a nadie. Les da igual ocho que ochenta y que no miran más allá de sus ombligos. Me he encontrado con jóvenes que me han preguntado la hora con un: Eh tía, que hora es? y puede pareceros que soy una tiquismiquis o que no estoy en la onda, pero me da igual. Ni me llamo Ehhh, ni soy tu tía y si quieres algo de mí, al menos ten la decencia de pedirlo educadamente. Que ya está bien y es que a veces en determinadas situaciones me han venido ganas de aventarle a un adolescente una buena torta para que se le pasaran las tonterías. Y no digo que la culpa sea toda de ellos, más bien creo que se encuentran perdidos en un mundo que ni sus padres entienden ni disfrutan ya que con lo que deben trabajar para pagar las hipotecas ni tiempo ni ganas les debe quedar para estar con ellos, pero no es excusa. Todos debemos asumir nuestra parte de culpa e intentar adivinar cuál es la razón que nos está llevando a esta situación. La polémica está servida.
VIDEO 1 (10:00)
VIDEO 2 (10:57)
