PARADOJAS



Me encontré via online con mi primer rollo serio, un antiguo compañero del instituto y estuvimos charlando un poco poniéndonos al día de nuestras vidas actuales, él está casado y yo sigo dando tumbos. Hacía más de 16 años que no sabíamos nada el uno del otro. Le envié una foto de nuestro viaje de final de curso a Grecia (en ese viaje fue cuando pasó todo).



Cuando vió la foto, sólo se le ocurre decirme: "vaya viajecito... ehhh punyetera. que momentos aquellos yuyuyuuu "



Su tono no me pareció el más adecuado, no sé, me sentó mal que me llamara punyetera, que le voy a hacer supongo que estoy muy sensible a determinadas palabras. No se como explicarlo, pero me tomé ese comentario por la vía lasciva, como si me dijera: Eh guarrona que bien nos lo pasamos!! y perdona, pero hace 16 años que no se nada de ti y por mucho que nos magreáramos y nos diéramos 5 besos mal daos tiempo atrás no puedes tomarte ciertas libertades conmigo.



Así que ni corta ni perezosa le respondo: "Si, que recuerdos, ainssss. Yo aún hoy me acuerdo de tus besos".
Y zanjada la historia. Ni un email más ni un sólo "pokeo".



Aquí viene la paradoja: Ahora que tengo más tiempo, escribo menos en el blog. Que me compre quien no me conozca. :-(



Y lo único bueno de toda esta entrada: Jay Brannan

(Bajoneada prenavideña)
DEVENIR

Muchas veces cambiamos pero incluso nosotros mismos sabemos que esos cambios no perdurarán, están condenados a morir desde el mismo momento en el que nacen. En este caso, su venida no es algo meditado, a conciencia ni con la valentía de enfrentarse a una larga espera, pues los cambios reclaman perseverancia y voluntad. Uno no decide cambiar y al día siguiente ya ha obtenido los resultados. Hay que tener coraje para ver como un cambio hoy genera sus frutos 5 meses, 1 año o 10 años más tarde. Quizás sea la razón de no obtener los resultados de una manera pronta lo que hace que los desestimemos a los pocos días.


Pero también hay cambios a los que has dado vueltas durante mucho tiempo sin decidir a embarcarte en esa gran misión. Y digo gran misión porque lo fácil es continuar como hasta ahora, con tu rutina, con tu medio conocido y sin salirte del camino que hace tiempo trazaste. Un cambio conlleva una gran lucha, no sólo con la gente de alrededor, sino contigo mismo ya que muchas veces nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Somos nuestros propios verdugos y a menudo condenamos nuestras acciones brutalmente, cuando nuestros mismos actos llevados a cabo por otros de nuestro alrededor no los vemos ni tan atroces ni tan cuestionables.


Un día decides hacer una acción sin darle mucha importancia, y al día siguiente la vuelves a realizar, y pasan dos meses y te das cuenta que sigues haciendo ese acto y que si bien al principio te forzaste para hacerlo ahora es algo natural. Y crece en tí el sentimiento en mayúsculas del CAMBIO y piensas que todo el mundo se dará cuenta, que todos percibirán que algo se ha modificado. A tí no te hace falta gritar a los cuatro vientos lo que has cambiado pero te sorprende que nadie se de cuenta. No te importa, te sientes bien con ese cambio y aunque no sabes hacia donde te llevará, al menos ahora ya empiezas a tener las ideas algo menos enturbiadas. Es como si los planetas se hubieran alienado para darme la respuesta que siempre había estado buscando. Probablemente mañana vuelva a cambiar la pregunta, pero hoy ese cambio ha valido la pena.
 

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