LAS COSAS POR SU NOMBRE

Hace algún tiempo leí la noticia del juez Emilio Calatayud Pérez sobre sus ejemplares sentencias con menores. Lo tenía casi olvidado, pero hoy mientras salía de un muermo de conferencia en el CCCB una situación que he visto me ha hecho recordarlo y que buscara información sobre él. He encontrado dos vídeos que me han encantado.

Cuando los he visto no he dejado de pensar en cuanta razón tenía y que ya estaba bien de hablar del menor como si tuviéramos que protegerlo en una urna de cristal sin pensar en sus obligaciones. Ojo, que nadie me malinterprete, me refiero al hecho que subjetivamente vengo constatando desde hace unos años en la juventud que recorre nuestras calles. Me refiero al hecho de que ellos mismos conozcan tan bien sus derechos y se hagan los locos con sus obligaciones. No digo que sean peores que nosotros o que yo (ya que no puedo generalizar ni hablar en boca de todos), pero tengo la sensación de que existe una gran cantidad de jóvenes que no respetan a nada ni a nadie. Les da igual ocho que ochenta y que no miran más allá de sus ombligos. Me he encontrado con jóvenes que me han preguntado la hora con un: Eh tía, que hora es? y puede pareceros que soy una tiquismiquis o que no estoy en la onda, pero me da igual. Ni me llamo Ehhh, ni soy tu tía y si quieres algo de mí, al menos ten la decencia de pedirlo educadamente. Que ya está bien y es que a veces en determinadas situaciones me han venido ganas de aventarle a un adolescente una buena torta para que se le pasaran las tonterías. Y no digo que la culpa sea toda de ellos, más bien creo que se encuentran perdidos en un mundo que ni sus padres entienden ni disfrutan ya que con lo que deben trabajar para pagar las hipotecas ni tiempo ni ganas les debe quedar para estar con ellos, pero no es excusa. Todos debemos asumir nuestra parte de culpa e intentar adivinar cuál es la razón que nos está llevando a esta situación. La polémica está servida.


VIDEO 1 (10:00)



VIDEO 2 (10:57)

TODO EN LA VIDA SIRVE

No hay nada malo de lo que no pueda extraerse algo bueno, cavilaba mientras se dirigía a las clases de fundamentos de antropología social. A sus 57 años había conseguido por fin lo que tanto tiempo había anhelado, matricularse en la universidad.

Sus hijas hacía tiempo que se habían independizado aunque no con la misma suerte. La menor hasta hace dos años vivía con su marido, un hombre que la maltrataba física y mentalmente. Ella lo sabía aunque su hija nunca se lo había confesado abiertamente. Venía siempre a su casa con cualquier excusa con unas gafas oscuras que le cubrían los ojos, ojos hinchados por haberse pasado todo el día llorando. Cuando ella le avisaba para hacerle una visita, su hija siempre le salía con alguna excusa, tenía que salir a comprar, o había quedado para un masaje, o tenía que ir al gym. Siempre la misma historia. Ella quiso interceder por su hija, hacerle ver que ese no era el hombre que le merecía y que lo que compartían no era amor. Amor del que te sale de dentro y hace que el corazón se te despedace cada vez que el otro se va. No, definitivamente eso no era amor.


Pero su hija no la escuchaba y siempre la trataba por tonta cuando sacaba el tema. Llegó a buscarle ayuda para escapar de él, pero su hija insistía en que su vida era él. Así durante 10 años.


10 años en los cuáles ella sufría día y noche por su hija pequeña, días en los que no dormía pensando que quizás mañana su hija aparecería muerta en cualquier esquina, estaba nerviosa continuamente y no tenía a nadie con quien compartir ese dolor. Su marido murió 8 años atrás y a pesar de que ella sabía que no fue el gran amor de su vida, si que fue el mejor compañero que nadie podía tener para compartir las tortuosidades de la vida, cada día lo echaba más en falta.


Su hija mayor hacía 5 años que marchó a trabajar a EEUU porque en España no encontraba trabajo para ella. Era investigadora en el ámbito de la oncología. Tras muchos años de trabajar como becaria en diversas universidades de todo el país decidió dar el gran salto y marchar al extranjero. Siempre había sido resuelta y decidida. En eso había salido a su marido, pues ella más bien siempre había sido un mar de dudas. Nunca había tenido novio y eso a ella siempre le preocupó, no quería lesbianas en casa, pero viendo como vivía su hija pequeña, comprendió que da igual quien escoja su hija mayor para compartir su vida mientras exista el cariño, el amor y el respeto entre ellos. Aunque le costó mucho asumirlo y engañaba a sus amigas a la hora del café diciendo que había conocido a un guapo yankee que la colmaba de regalos. Y es que una cosa era que ella lo intuyera y otra muy distinta que se enterara todo el mundo, acabáramos.


Un día mientras veía Gente escuchó el suceso de una mujer que había contratado unos matones para matar a su marido. Dio un salto. Ella que nunca había tomado una decisión, ella que siempre fue considerada débil por todos los de su alrededor, ella que nunca había tenido un mal pensamiento, decidió hacer lo mismo con su yerno.


Contrató a unos matones (de cómo lo consiguió ya es otra historia) y les dio las indicaciones pertinentes para que fueran a su trabajo y le apalearan sin miramientos a la salida. La primera vez su yerno estuvo tres meses en el hospital, pero al salir de él, su odio general hacia el mundo y en particular hacia su hija, crecieron. Tuvo que contratar a los matones hasta cuatro veces más para que su yerno se diera cuenta de que cada vez que le ponía la mano encima a su hija, los matones aparecían al día siguiente. Finalmente huyó.


Su hija se quedó destrozada, todo para lo que vivía había desaparecido y no paraba de llorarle a su madre, con la que había vuelto a vivir tras que él desapareciera misteriosamente. Pasó un año y su hija seguía igual, no salía, no buscaba trabajo y se pasaba las horas tirada delante del televisor. Se hartó.


Un día le dijo que él se había marchado porque ella contrató a unos matones para defenderla. Su hija se puso como una furia, la insultó, le dijo que le había destrozado su vida, que ojalá se muriera y que no quería saber nada de ella. Recogió sus cosas y se fue.


De eso hace ya unos dos años y a pesar de que su hija menor volvió a casa cuando lo necesitó, la última vez y con todo el dolor del mundo, le dijo que no volviera. Se dió cuenta que había intentado ayudar a alguien que no se dejaba ayudar, alguien que le absorbía la energía y que la mataba en vida. Las ganas de reír se le habían ido mucho tiempo atrás y ya estaba cansada. Por mucho que fuera su hija, y por mucho que por dentro su corazón sangrara a borbotones, todos tienen derecho a ser alguien en la vida. A desarrollarse como personas y ella había estado demasiado tiempo ayudando a alguien que no lo quería. A veces pensaba que era una egoista y que no era una buena madre, pero entonces pensaba que estaba en la mitad de su vida y que todavía no había descubierto quien era. El amor no es un cheque en blanco y hay que ganárselo cada día y quien no comprenda esto, es que es un necio.


No hay nada malo de lo que no pueda extraerse algo bueno, cavilaba mientras se dirigía a las clases de fundamentos de antropología social. A sus 57 años comenzaba a saber quien era, y a pesar de que muchas noches lloraba por su hija pequeña, ahora sabía que cada uno es responsable de las decisiones que toma y que puedes ayudar a otros a compartir su carga pero no a llevarla.
PALOMA BRAVA



Que quede claro: Que para saciar mi sed, toda la lluvia no basta.
RETORNANDO

Voy acumulando juventud.
(Pensamiento antes de irme a dormir).
 

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